De: Martha Patricia Ramírez
El poder de la oración
Palabras que hacen milagros
La oración es una enorme fuente de poder, a la que se han reconocido
grandes logros y curaciones milagrosas. El hecho de que las plegarias
funciones refleja nuestra conexión con lo Absoluto y confirma que
podemos hablar con Dios de una manera productiva.
Esta comprobado que cuando un santo hindú se pone a meditar, los
ejercicios respiratorios que practica ejercen un efecto fisiológico
sobre su cuerpo. Con las oraciones ocurre lo mismo. Numerosos
experimentos parecen indicar que tienen un efecto benéfico sobre la
salud. Sin embargo, en el ámbito científico sigue reinando el
escepticismo en torno a este hecho, ya que no se ha encontrado aún una
forma de rezar que funcione el cien por cien de las veces, ni se puede
predecir con exactitud en que casos sanará la plegaria.
Al psicólogo Lawrence LeShan, que estudió en profundidad la curación a
distancia en sus diversas fórmulas, le llamó la atención que, en el
caso de la oración, fracasos y milagros iban unidos con frecuencia.
Según los estudios de LeShan, las oraciones no parecen no funcionar
más que en el veinte porciento de las veces.
Las trampas de Dios
En realidad, la razón más práctica para examinar el papel de la
plegaria en las curaciones es precisamente que algunas veces funciona.
Y además, el hecho de que en ocasiones no lo haga con todo el poder y
previsibilidad requeridas tal vez refleje las deficiencias no de la
oración, sino de quienes la practican. Quizá los orantes no están en
el estado anímico adecuado, no tienen fe o no piden lo correcto. Tal y
como escribió C. S. Lewis: "si Dios hubiese atendido todas mis
absurdas plegarias, ¿dónde estaría yo ahora?"
En vista de nuestras limitaciones, quizá el camino más sensato a
seguir por un Ser Supremo sea el de frenar los efectos de las
plegarias o ignorarlas en su mayor parte. Así reduciría el peligro que
éstas podrían suponer si fueran utilizadas por seres imprudentes. Ello
explicaría que no exista una fórmula eficaz de rezar.
Pero no es sólo eso; si las plegarias funcionaran siempre nadie
moriría. En este sentido cabe citar a numerosos líderes espirituales
que han fallecido víctimas de enfermedades dolorosas, nada propias de
seres elevados. Santa Bernadette, a quien se le apareció la Virgen en
Lourdes, murió de cáncer de huesos y tuberculosis a los 35 años;
Krishnamurti, el célebre maestro espiritual, a causa de cáncer de
páncreas; Suzuki Roshi, divulgador del budismo Zen, de cáncer de
hígado; Ramana Maharshi, el santo más requerido de toda la India de
cáncer de estómago, y la lista podría ser más extensa.
Las explicaciones a estas disfunciones en personas tan espirituales
son múltiples, pero sea cual fuere la respuesta, su actitud nos lleva
replantearnos una suposición muy extendida en la Nueva Era: que la
falta de salud y las enfermedades denotan carencia de equilibrio
espiritual. El argumento desde luego es falso pues si espiritualidad
fuera sinónimo de salud ¿cómo explicar, en la otra cara de la moneda,
la existencia de esos pecadores con salud óptima? Nadie tiene la culpa
de estar enfermo: "Ni él pecó, ni lo hicieron sus padres, sino que
esto es para que se manifiesten las obras de Dios en él", así contestó
Jesús cuando los discípulos le preguntaron por un hombre que era ciego
de nacimiento (Juan 9: 1-3). Tal vez en su respuesta esté la razón
última de porque la oración no puede resultar absolutamente eficaz el
cien por cien de los casos. Algunas dolencias tienen quizá un sentido
cósmico, invisible a los mortales y tan sólo conocido por la
divinidad.
¿Adónde van las oraciones?
La nueva forma en que concebimos actualmente el Universo y la psique
humana deja obsoletas las creencias bíblicas sobre la existencia de un
Dios que está "afuera" de nosotros y recibe nuestros ruegos como si
fuera un satélite de comunicaciones. Hoy intuimos que ese Dios
intermediario está íntimamente conectado con nuestra conciencia, por
lo que el factor divino de la plegaria es interior y no exterior.
Precisamente por ello la oración no siempre necesita ser pensada,
puede ser inconsciente o tener lugar, incluso, en sueños.
--
TE INVITO A VISITAR E INSCRIBIRTE A MIS BLOGGS, ESTAN HECHOS CON MUCHO
CARIÑO PARA TI
elpaisdelasvelas.blogspot.com
vidasana-saludable.blogspot.com
consejos-para-padres.blogspot.com
*marthapatricia.ramirezvivar@facebook.com*
El poder de la oración
Palabras que hacen milagros
La oración es una enorme fuente de poder, a la que se han reconocido
grandes logros y curaciones milagrosas. El hecho de que las plegarias
funciones refleja nuestra conexión con lo Absoluto y confirma que
podemos hablar con Dios de una manera productiva.
Esta comprobado que cuando un santo hindú se pone a meditar, los
ejercicios respiratorios que practica ejercen un efecto fisiológico
sobre su cuerpo. Con las oraciones ocurre lo mismo. Numerosos
experimentos parecen indicar que tienen un efecto benéfico sobre la
salud. Sin embargo, en el ámbito científico sigue reinando el
escepticismo en torno a este hecho, ya que no se ha encontrado aún una
forma de rezar que funcione el cien por cien de las veces, ni se puede
predecir con exactitud en que casos sanará la plegaria.
Al psicólogo Lawrence LeShan, que estudió en profundidad la curación a
distancia en sus diversas fórmulas, le llamó la atención que, en el
caso de la oración, fracasos y milagros iban unidos con frecuencia.
Según los estudios de LeShan, las oraciones no parecen no funcionar
más que en el veinte porciento de las veces.
Las trampas de Dios
En realidad, la razón más práctica para examinar el papel de la
plegaria en las curaciones es precisamente que algunas veces funciona.
Y además, el hecho de que en ocasiones no lo haga con todo el poder y
previsibilidad requeridas tal vez refleje las deficiencias no de la
oración, sino de quienes la practican. Quizá los orantes no están en
el estado anímico adecuado, no tienen fe o no piden lo correcto. Tal y
como escribió C. S. Lewis: "si Dios hubiese atendido todas mis
absurdas plegarias, ¿dónde estaría yo ahora?"
En vista de nuestras limitaciones, quizá el camino más sensato a
seguir por un Ser Supremo sea el de frenar los efectos de las
plegarias o ignorarlas en su mayor parte. Así reduciría el peligro que
éstas podrían suponer si fueran utilizadas por seres imprudentes. Ello
explicaría que no exista una fórmula eficaz de rezar.
Pero no es sólo eso; si las plegarias funcionaran siempre nadie
moriría. En este sentido cabe citar a numerosos líderes espirituales
que han fallecido víctimas de enfermedades dolorosas, nada propias de
seres elevados. Santa Bernadette, a quien se le apareció la Virgen en
Lourdes, murió de cáncer de huesos y tuberculosis a los 35 años;
Krishnamurti, el célebre maestro espiritual, a causa de cáncer de
páncreas; Suzuki Roshi, divulgador del budismo Zen, de cáncer de
hígado; Ramana Maharshi, el santo más requerido de toda la India de
cáncer de estómago, y la lista podría ser más extensa.
Las explicaciones a estas disfunciones en personas tan espirituales
son múltiples, pero sea cual fuere la respuesta, su actitud nos lleva
replantearnos una suposición muy extendida en la Nueva Era: que la
falta de salud y las enfermedades denotan carencia de equilibrio
espiritual. El argumento desde luego es falso pues si espiritualidad
fuera sinónimo de salud ¿cómo explicar, en la otra cara de la moneda,
la existencia de esos pecadores con salud óptima? Nadie tiene la culpa
de estar enfermo: "Ni él pecó, ni lo hicieron sus padres, sino que
esto es para que se manifiesten las obras de Dios en él", así contestó
Jesús cuando los discípulos le preguntaron por un hombre que era ciego
de nacimiento (Juan 9: 1-3). Tal vez en su respuesta esté la razón
última de porque la oración no puede resultar absolutamente eficaz el
cien por cien de los casos. Algunas dolencias tienen quizá un sentido
cósmico, invisible a los mortales y tan sólo conocido por la
divinidad.
¿Adónde van las oraciones?
La nueva forma en que concebimos actualmente el Universo y la psique
humana deja obsoletas las creencias bíblicas sobre la existencia de un
Dios que está "afuera" de nosotros y recibe nuestros ruegos como si
fuera un satélite de comunicaciones. Hoy intuimos que ese Dios
intermediario está íntimamente conectado con nuestra conciencia, por
lo que el factor divino de la plegaria es interior y no exterior.
Precisamente por ello la oración no siempre necesita ser pensada,
puede ser inconsciente o tener lugar, incluso, en sueños.
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Somos tal como nos han hecho nuestros pensamientos por lo tanto, ten cuidado con lo que piensas.
Las palabras con cosas secundarias.
Los pensamientos viven y llegan lejos.
Swami Vivekananda
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17:14
Breno
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